Puede que tengas bastante claro lo que quieres decir, pero cuando llega el momento termines callándote, diciendo que sí cuando en realidad querías decir que no, o expresándote de una forma más brusca de la que te habría gustado. Y después aparece esa sensación de: “esto no era lo que quería hacer”.
Saber qué deberíamos decir no siempre significa poder hacerlo cuando llega el momento. En nuestras relaciones influyen el miedo al conflicto, la culpa, la necesidad de aprobación o la forma en la que hemos aprendido a expresar lo que necesitamos. Conocer los estilos de comunicación asertiva y reconocer qué patrones utilizamos puede ayudarnos a entender qué está ocurriendo y a empezar a responder de una manera diferente, más clara y ajustada a lo que realmente necesitamos.
¿Qué entendemos por estilos de comunicación?
Los estilos de comunicación hacen referencia a las distintas formas en las que tendemos a expresar —o a evitar expresar— nuestras opiniones, emociones, necesidades, desacuerdos o límites cuando nos relacionamos con otras personas.
Esto no significa que cada persona tenga un único estilo que utilice siempre. Puedes desenvolverte con bastante seguridad en el trabajo y, sin embargo, tener muchas más dificultades para expresar un desacuerdo con tu pareja o poner un límite a alguien de tu familia.
Nuestra forma de comunicarnos puede cambiar dependiendo de la situación, de la persona que tenemos delante y, sobre todo, de lo que anticipamos que puede ocurrir si decimos lo que realmente pensamos o necesitamos. Por eso, más que utilizarlos como etiquetas, entender estos patrones puede ayudarnos a observar cómo respondemos en distintas relaciones y qué consecuencias tiene esa manera de actuar.
Los 4 estilos de comunicación: ¿cómo suelen aparecer?
Para entender mejor los estilos de comunicación asertiva, puede ayudarte observar qué haces cuando aparece una situación incómoda. Imagina, por ejemplo, que alguien te pide un favor que no quieres hacer.
Comunicación pasiva
En la comunicación pasiva, tus propias necesidades suelen quedar en segundo plano para evitar conflicto, rechazo o malestar. Puede que respondas:
“Sí, claro, no pasa nada.”
Aunque por dentro estés molesto o no quieras hacerlo. A corto plazo, callarte puede ayudarte a evitar una conversación incómoda, pero si se convierte en un patrón habitual puede generar frustración, cansancio o resentimiento.
Comunicación agresiva
En la comunicación agresiva sí expresas lo que necesitas, pero de una forma que puede invadir o atacar al otro:
“Estoy harto de que siempre me pidas cosas.”
A veces aparece después de haber acumulado mucho malestar o cuando sentimos que no se nos escucha.
Comunicación pasivo-agresiva
En la comunicación pasivo-agresiva, el enfado o la necesidad se expresan de manera indirecta:
“Claro, yo siempre tengo tiempo para todo…”
Aquí también hay algo importante que se quiere comunicar, pero se hace a través de indirectas, sarcasmo o reproches.
Comunicación asertiva
En la comunicación asertiva, expresas de forma clara lo que necesitas sin ignorar a la otra persona:
“Esta vez no puedo ayudarte. Necesito ocuparme de otras cosas.”
Ser asertivo no significa encontrar la frase perfecta ni conseguir que al otro le guste siempre nuestra respuesta. Significa poder expresar lo que pensamos, sentimos o necesitamos de una forma respetuosa y ajustada a la situación.
¿Por qué nos cuesta tanto comunicarnos de forma asertiva?
Muchas veces, la dificultad no está en no saber qué sería más adecuado decir, sino en lo que sentimos o anticipamos cuando intentamos hacerlo. Podemos entender perfectamente la importancia de poner límites, expresar un desacuerdo o decir que no y, aun así, bloquearnos cuando llega el momento.
El miedo a que la otra persona se enfade, nos rechace o piense mal de nosotros puede hacer que terminemos evitando determinadas conversaciones. También puede aparecer culpa al priorizar nuestras necesidades, especialmente si estamos acostumbrados a poner por delante las de los demás.
En otros casos, llevamos tanto tiempo evitando expresar lo que nos molesta que acumulamos tensión hasta responder de una forma más brusca de la que queríamos. Por eso, trabajar los estilos de comunicación asertiva no consiste solo en aprender frases asertivas o memorizar técnicas, sino en entender qué está ocurriendo cuando intentamos utilizarlas.
Reconocer ese patrón es el primer paso para poder practicar una comunicación más clara, aprender a establecer límites sanos y expresar lo que necesitamos sin dejar de tener en cuenta a la otra persona.
Cómo poner en práctica los estilos de comunicación asertiva
Aprender a utilizar los estilos de comunicación asertiva no suele consistir en cambiar de un día para otro ni en memorizar frases concretas. Se trata de observar qué haces en determinadas situaciones, entender qué necesitas expresar y practicar respuestas diferentes poco a poco.
1. Identifica qué necesitas comunicar
Antes de pensar cómo decirlo, intenta concretar qué te está molestando, qué necesitas o qué límite quieres establecer. A veces la dificultad empieza precisamente ahí: sabemos que algo no nos encaja, pero no terminamos de identificar qué queremos transmitir.
2. Describe la situación sin atacar
Intenta centrarte en lo que ha ocurrido, evitando convertirlo en un juicio sobre la otra persona. No es lo mismo decir “nunca me escuchas” que explicar qué comportamiento concreto te está generando malestar.
3. Expresa tu necesidad de forma clara y respetuosa
Frases como “necesito”, “prefiero”, “no puedo” o “me gustaría” pueden ayudarte a comunicarte de una forma más directa, sin dar rodeos ni justificarte continuamente. Ser asertivo implica defender tu punto de vista teniendo también en cuenta al otro, no conseguir que siempre esté de acuerdo contigo.
4. Escucha también la respuesta de la otra persona
La comunicación asertiva no consiste únicamente en saber expresar lo que pensamos. También implica escuchar, intentar comprender el punto de vista del otro y poder mantener nuestra posición aunque exista desacuerdo.
5. Presta atención a cómo lo dices
El tono de voz, la mirada, el ritmo al hablar o nuestra postura también forman parte del mensaje. Podemos utilizar las palabras adecuadas y, sin embargo, transmitir enfado o tensión si nuestra comunicación no verbal dice algo diferente.
6. Aprende a tolerar cierta incomodidad
Este punto es especialmente importante. Practicar los estilos de comunicación asertiva no significa dejar de sentir nervios, culpa o miedo al conflicto. A veces, ser más asertivo implica precisamente expresar lo que necesitas aunque esa incomodidad aparezca.
El objetivo no es hacerlo perfecto ni encontrar una fórmula que funcione en todas las situaciones. Se trata de aprender a ajustar cómo nos comunicamos, pudiendo expresar nuestras necesidades, escuchar las de los demás y actuar de una forma cada vez más coherente con lo que queremos transmitir.
Cuando saber qué decir no es suficiente
Puede que conozcas la teoría, entiendas qué sería una respuesta más adecuada e incluso hayas pensado muchas veces qué te gustaría decir. Aun así, cuando llega el momento, vuelves a callarte, ceder o reaccionar de una forma distinta a la que querías.
Cuando este patrón se repite y empieza a generar dificultades en tus relaciones, trabajar los estilos de comunicación asertiva también implica entender qué está manteniendo esa forma de responder: miedo al rechazo, culpa, inseguridad, evitación del conflicto o experiencias previas.
La comunicación asertiva no consiste en aplicar una fórmula perfecta, sino en aprender a ajustar cómo expresamos lo que necesitamos según la situación, sin dejar de tener en cuenta ni nuestras necesidades ni las de la otra persona.
¿Te cuesta llevar la comunicación asertiva a la práctica?
Si te cuesta expresar lo que necesitas, poner límites, decir “no” o mantener determinadas conversaciones sin acabar evitando el conflicto o acumulando malestar, puede ser útil trabajar qué está ocurriendo detrás de esos patrones y practicar nuevas formas de responder.
Como psicólogas online podemos acompañarte a entender qué está ocurriendo en tus relaciones, identificar los patrones que se repiten y desarrollar herramientas de comunicación que puedas aplicar de forma realista en tus situaciones cotidianas.
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